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Hoteles y apartamentos en Menorca

Su origen se remonta a la construcción de la Església de Sant Cristòfol, en el año 1768. El tiempo parece haberse detenido desde entonces, o por lo menos ha transcurrido de una forma tranquila manteniendo así el encanto de siempre. De siempre, también es el estilo de vida de sus gentes que aparentemente no ha cambiado con los años.

En sus estrechas y encantadoras callejuelas nos encontramos con algunos exquisitos restaurantes, algunos con vistas al campo menorquín, donde probar la auténtica cocina tradicional de toda la vida.

Sus blancas calles sólo se ven alteradas por los colores que se utilizan en algunas fachadas para rejuvenecerlas, un auténtico contraste cromático que es un placer para la vista.

Un apacible rincón del mediterráneo donde disfrutar del discreto encanto del silencio, o romperlo con una sabia tertulia con la hospitalaria gente del pueblo, descansando en alguna terraza.

Es Migjorn Gran cobija artistas de todos los campos, son especialmente numerosos los músicos, que buscan su inspiración en la sedante calma del pueblo.

Una vez llenos de armonía, es el momento de partir hacia los verdes caminos rurales de grandes desniveles. Bajando hacia el mar nos encontramos con algunos poblados prehistóricos, los fascinantes paisajes que envuelven los barrancos y una escarpada costa antes de llegar a la playas.