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Hoteles y apartamentos en Menorca

Es Mercadal es el centro geográfico de la isla, su fundación data de la época de la reconquista y su núcleo urbano se concentra alrededor de la Iglesia de Sant Martí y del antiguo molino hoy en día reconvertido en un restaurante.

Por sus calles de casas bajas y de gran sencillez estética, nos encontramos con toda la pureza de una población de origen rural, donde la vida de sus gentes sigue fluyendo de forma natural, como siempre lo han hecho.

Ir descubriendo, a ritmo pausado, los secretos que nos ofrece cada rincón del pueblo transmite unas sensaciones de armonía fáciles de explicar:

Cas Sucrer: tienda de dulces artesanales por excelencia de la isla, ponerse en manos de un artesano para hacerse unas abarcas a medida, degustar los productos recién salidos de la tierra en los restaurantes de cocina tradicional menorquina,

El Aljub: una impresionante cisterna construida durante la dominación británica para el almacenamiento de las aguas pluviales o simplemente descubrir los entresijos de sus encantadoras calles.

Subir a la montaña de El Toro: Obviando lo que dicen las leyendas, su origen etimológico podría ser árabe y significa el punto más alto. En su cima podremos descubrir un santuario y una torre cuadrada del s.XIV, además de una visión panorámica excepcional de la isla. La planura de Menorca permite observar toda su extensión en los días claros.

Mercadal es el punto de partida idóneo hacia el principal centro de deportes náuticos de la isla: Fornells. 

Fornells: Su impresionante bahía es un paraíso para los amantes de la náutica, en especial del windsurf, ya que la fuerza del viento de tramontana es el mejor motor para navegar en sus calmadas aguas.

Desde su puerto se organizan excursiones marítimas hacia las playas del norte, una costa sorprendente donde descubrir desde recónditas calas de cristalinas aguas a largas y agrestes playas abiertas al mar.

Esta población pesquera mantiene intacta toda la esencia del mediterráneo, un paisaje idílico que transmite una sensación de tranquilidad incomparable. Más aún cuando se tiene el placer de degustar una caldereta de langosta, el plato más preciado de la isla, en los restaurantes del pueblo.